Los parajes 2016-12-01T21:29:13+00:00

Los parajes

Los espacios vitivinícolas cariñenenses no son homogéneos, pero todos ellos han mostrado a lo largo de las centurias
una gran aptitud para el cultivo de la vid y la obtención de vinos de calidad.

De la llanura central a los montes que delimitan la periferia hay tierras de distinta composición y variados microclimas que se sitúan entre los 400 y los 800 metros de altitud, configurando parajes y pagos de particular comportamiento que afectan a los procesos de maduración de las uvas y, por lo tanto, a las características finales de los vinos.

La mayor parte de las 3500 hectáreas cultivadas por los viticultores de Bodegas San Valero se encuentran en la llanura situada al norte del municipio, en una zona de suelos pardo-calizos y también rojizos ubicados sobre depósitos pedregosos provenientes de la erosión de la cercana Sierra de Algairén. Su altitud oscila entre los 500 y los 800 metros

Pero también hay importantes zonas de cultivo en espacios de especialmente singulares, como el Monte Alcañiz, el mayor de ellos, el Monte Ducay y las laderas de Encinacorba, en los somontanos de Algairén.

Monte Alcañiz

También conocido como Alcañicejo, nombre tomado del antiguo castillo musulmán que dominaba la zona donde estaba ubicado el poblado de Alcañiz de Huerva, de origen ibero y desaparecido en el siglo XIV. Junto a las ruinas del castillo se encuentran las de un monasterio cisterciense conocido como El Santo.

El pago descansa entre los términos municipales de Tosos (cuya cooperativa se integró en Bodegas San Valero en 1973) y de Cariñena y perteneció al Marqués de Tosos (título otorgado en 1702 a Don Juan Ulzurrum de Asanza por Felipe V) hasta que fue parcelado y vendido a pequeños propietarios por la viuda del último marqués (de ahí también la designación de Dehesa de la Marquesa).

Se trata de una zona de monte con suaves colinas plantadas de viñedo entre los 700 y los 800 metros de altitud. El suelo es de tierra roja (royal) y pedregosa sobre pizarras y cuarcitas. Son tierras profundas y frescas de excepcional aptitud para el cultivo de uvas tintas de maduración tardía y algunas variedades blancas.

Monte Ducay

Monte de propiedad pública tras un proceso desamortizador y bautizado con el apellido del particular que lo adquirió antes de venderlo por parcelas. Se cuenta que, grausino como Joaquín Costa y amigo de este, Ducay llevó al pensador aragonés a contemplar la roturación del monte.

Es un paraje muy particular y exclusivo, fuertemente pedregoso y muy profundo. La gran presencia de piedras evita la evaporación del agua y mantiene un microclima cálido incluso por la noche, pues estas acumulan el calor del día y lo van emitiendo con posterioridad. La permeabilidad del suelo, por otra parte, favorece la calidad de la uva.

El fruto en este pago es más pequeño y concentrado y tiene una gran intensidad aromática, lo que da como resultado, al igual que en el Monte Alcañiz, unos vinos altamente expresivos.

Tierras de Encinacorba

Encinacorba es una población muy cercana a Cariñena, al sur de esta y subida en las laderas de la Sierra de Algairén, por lo que los viñedos de Bodegas San Valero se sitúan aquí a 800 metros de altitud.

Son tierras pardas meridionales sobre pizarras y cuarcitas excepcionales para el cultivo de la uva Moscatel de Alejandría que, debido también al alto contraste de temperaturas entre la mañana y la tarde, maduran de forma muy lenta.

De esta manera se favorece la deshidratación de las bayas y una alta concentración de azúcares en las mismas. Una vendimia tardía, casi en invierno, da finalmente lugar a un moscatel pasa, en producciones limitadas, que ha sido muy reconocido y premiado.